Patagonia

La guerra no tiene rostro de mujer: las heroínas olvidadas de Malvinas

Fueron un actor clave en el conflicto bélico de 1982, pero su participación quedó marginada de la historia. Varias décadas más tarde, luego de una larga lucha, algunas lograron ser reconocidas como veteranas, en contra de la resistencia social, estatal y militar. Otras siguen movilizándose por un lugar en la memoria colectiva. A pesar de la resonada figura del héroe masculino, cuya existencia suele generar empatía y admiración, existen otras figuras "invisibles" que comprometieron su vida para luchar contra una guerra que tuvo más víctimas que héroes.

En 1982, un debilitado gobierno militar a cargo del presidente de facto Leopoldo Fortunato Galtieri ordenó la ocupación de las Islas Malvinas con el objetivo de reintegrarlas al Estado, y en nombre de la "soberanía" se desencadenó uno de los conflictos bélicos más oscuros de la historia argentina.

Cerca de 25 mil soldados, la mayoría jóvenes de entre 18 y 19 años sin preparación militar y sin los recursos necesarios para sobrevivir la crudeza de las islas, se enfrentaron al Ejército Británico en poco más de dos meses.

A pesar de los procesos de "desmalvinización" y los olvidos institucionales y civiles, los héroes de Malvinas fueron reconocidos como veteranos: sus nombres se grabaron en placas conmemorativas así como en la memoria colectiva. Sin embargo, en la guerra también estuvieron presentes mujeres que cumplieron roles clave para sostener la vida de cientos de combatientes. De ellas poco se dijo, y hasta la fecha muchas siguen luchando por ser reconocidas como veteranas.

La mayoría son profesionales de la Salud que trabajaron en los improvisados hospitales y buques desplegados en la zona patagónica mientras duró la guerra, algunas militares llamadas por el deber y otras voluntarias que prestaron su labor.

Frente a la contingencia de la guerra, el Ejército argentino montó un hospital de campaña pero los quirófanos no tenían instrumentadores, y por esa época la tarea era exclusiva de las mujeres, por lo que reclutaron instrumentadores y enfermeras civiles después de los bombardeos ingleses de mayo.

En la foto de portada aparecen Stella Morales, Gisela Bassler, Ana Massito, Alicia Reynoso y Galdis Maluendez; todas enfermeras de la Fuerza Aérea en Comodoro Rivadavia.

En la misma línea, jóvenes enfermeras prestaron servicio en la Base Naval de Puerto Belgrano (Bahía Blanca) y en el hospital reubicable de Comodoro Rivadavia. En 2021, dos de ellas -Alicia Reynoso y Stella Morales, pertenecientes a la Fuerza Aérea, lograron su reconocimiento como veteranas por vía judicial, reclamo que hoy tramitan sus compañeras.

A la par, mujeres de la Marina Mercante y la Fuerza Aérea fueron llamadas a deber y se desempeñaron como oficiales, pilotos, cadetas y radiotelegrafistas.

De este último grupo, fueron 16 mujeres que estuvieron en el TOAS (Teatro Operaciones del Atlántico Sur) y fueron reconocidas en 2012 como Veteranas de Guerra por la resolución 1438 del Ministerio de Defensa.

Las mujeres del Almirante Irízar

El rompehielos ARA Almirante Irízar fue construido en 1977 y transformado en hospital de campaña en 1982, cuando comenzaron los bombardeos y los combatientes necesitaron ser operados de emergencia.

El 3 de junio se dispuso la transformación del Irízar en buque hospital: en 48 horas, en Puerto Belgrano, se lo dotó de doscientas camas, dos salas de terapia intensiva, dos quirófanos, laboratorio bioquímico, sala de radiología, sala de yesos, laboratorio de hemoterapia, una sala de quemados, helipuerto y hangar. Según precisa Alicia Panero en su libro "Mujeres Invisibles", se embarcaron como dotación cuarenta profesionales y técnicos de la Salud, entre los que se contaban catorce médicos, dos odontólogos, dos bioquímicos, veintiún enfermeros y un sacerdote.

Instrumentadoras quirúrgicas del Buque Iríziar: Susana Mazza, Silvia Barrera, María Marta Lemme, Norma Etel Navarro, María Cecilia Ricchieri y María Angélica Sendes

Además, el Ejército reclutó 10 instrumentadoras quirúrgicas que trabajaban en las fuerzas. De las 20 que se presentaron, fueron seleccionadas 6. De esta manera, en la última semana del conflicto, Susana Mazza, Silvia Barrera, María Marta Lemme, Norma Etel Navarro, María Cecilia Ricchieri y María Angélica Sendes, embarcaron por helicóptero desde Comodoro Rivadavia.

Al principio estaban destinadas a trabajar en el Hospital Militar de Malvinas, pero por cuestiones de la guerra, nunca arribaron y desempeñaron su tarea en el buque hospital.

Del 9 al 14 de junio realizaron su trabajo a la par de las enfermeras y camilleras, quienes hacían curaciones para atender a los soldados que venían directamente del campo de batalla. Después del alto al fuego, los británicos retuvieron al Irízar hasta el 18 de junio; zarparon con más de 300 heridos hacia Comodoro Rivadavia.

A pesar de haber prestado servicio, las mujeres relataron la marginación que sufrieron tras la guerra por parte de compañeros y jefes, sumado a las secuelas de la guerra: "Es más fácil hablar de la Guerra de Malvinas que de lo que nos pasó después", expresó Silvia Barrera en diálogo con medios de comunicación: "no solo fue el vacío que nos hicieron, sino que todas sufrimos enfermedades concomitantes con el stress post traumático. Casi todas tenemos cáncer, diabetes e hipertensión. Malvinas se paga".

Aunque el reconocimiento social tomó más tiempo, en 1983 fueron reconocidas como veteranas por el Ministerio de Defensa y en 2012 lograron el reconocimiento presidencial.

Las enfermeras de Comodoro

En tierra firme, las mujeres también hacían su parte. Comodoro Rivadavia se había convertido en la cabecera del Teatro de Operaciones y constituyó el enlace logístico con las Islas. Alicia Panero relata cómo se produjo la rápida militarización de la ciudad, lo que trajo una nueva rutina a la que debieron adaptarse los comodorenses.

Señala que las mujeres, lejos de ser pasivas ante el escenario de incertidumbre y amenaza, se organizaron rápidamente para colaborar con los esquemas de Defensa Civil, aprender primeros auxilios o trasladar heridos.

"Una red de mujeres comenzó a asomar, organizando, preparando, previniendo. Lo mismo pasaba en las Islas, pero en ese momento, en el continente, nadie pensaba en ellos. En ese momento eran el enemigo. No tenían nombre, por la cabeza de nadie se cruzó una imagen de una mujer o un niño isleño. Era lógico, todos estaban ocupados en su propia guerra", explica.

Enfermeras de la Base Naval Puerto Belgrano

En este escenario el Hospital Regional se convirtió en el centro de derivaciones de heridos de guerra. Un Comité de Emergencia dispuso la evacuación de los internados a clínicas privadas para disponer de todas las camas posibles. Para el 15 de abril, se declaró la alerta y se establecieron listas de trabajo. Allí trabajaron, junto a las enfermeras profesionales, las voluntarias, que según precisa Panera, dieron origen a un cuerpo de voluntariado que trabaja hasta hoy.

Por otro lado, la Fuerza Aérea había adquirido pocos años antes de la guerra un hospital reubicable que fue instalado la IX Brigada Aérea, entre el 3 y el 10 de abril, en el kilómetro ocho de la ciudad, donde empezaron a llegar los aviones Hércules C-130 con los heridos.

A partir de 1980 la Fuerza había empezado a incorporar enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas y profesionales como militares asimiladas, quienes ingresaron con el grado de cabo primero, y tras la guerra las enviaron a hacer el curso de oficiales. Ellas fueron las precursoras de la incorporación de mujeres en las Fuerzas Armadas argentinas.

La primera semana de abril arribaron cinco mujeres al hospital reubicable, a las que después se sumaron ocho más, todas cabo primero. Se suponía que iban a ir directo a las Islas, pero la inestabilidad del territorio no les permitió desembarcar, por lo que permanecieron en Comodoro realizando tareas de curación y contención.

Más allá de la diferencia entre tareas y experiencias personales, las investigadoras Jorgelina Loza y Aylen Rigi Luperti (autoras de "La nación y el olvido desde una perspectiva de género: la historia de las enfermeras de la guerra de Malvinas") señalan que todas las mujeres que participaron del conflicto registran como atributo común la falta de reconocimiento.

Las memorias alternas de la Historia

Los discursos sobre la historia reciente en Argentina no son homogéneos, especialmente aquellos vinculados a la dictadura militar y la Guerra de Malvinas. Los matices y las grietas de la historia oficial se abren paso paulatinamente para dar voz a aquellos que no fueron englobados en el relato dominante.

En la década del 2010 distintas voces marginales de la historia de Malvinas hicieron públicos sus testimonios y demostraron su participación en el conflicto bélico.

En 2016 se publicó un libro escrito por Juan Chico, un excombatiente de la etnia Qom. El libro se tituló "Los Qom de Chaco en la guerra de Malvinas: Una herida abierta" un aporte fundamental para visibilizar la diversidad étnica de los soldados así como la dificultad de las organizaciones de veteranos para incorporarlos.

La participación de las mujeres se recogió en varios libros periodísticos y testimoniales que abrieron las puertas a una dimensión frecuentemente olvidada de la Guerra.

En 2016, la periodista cordobesa Alicia Panero publicó "Mujeres Invisibles", que recorre la experiencia de las enfermeras e instrumentistas quirúrgicas y detalla la participación de las civiles durante el conflicto.

Un año más tarde se publicó "Mujeres olvidadas de Malvinas", de Sandra Solohaga, que recopila los testimonios de las enfermeras civiles que prestaron servicio en el Hospital Naval de Puerto Belgrano de Punta Alta, en la provincia de Buenos Aires.

Alicia Reynoso, por su parte, publicó en 2018 un libro de carácter más biográfico en el que relata su experiencia como enfermera alistada en la Fuerza Aérea, titulado "Crónicas de un olvido".

Alicia Reynoso y Gisela Bassler

En 2021 se estrenó el documental "Nosotras también estuvimos", dirigido por Federico Strifezzo, material que amplió todavía más la visibilidad de las enfermeras veteranas e incluso fue citado como evidencia para reconocer el título de veteranas de Stella Morales y Alicia Reynoso.

A pesar de estos relatos, aún resta un largo camino para el reconocimiento institucional y social de estas mujeres. Panero resalta que a lo largo de su investigación encontró una creciente ignorancia en cuanto a su participación, tanto en los círculos militares -que han empezado a reconocerlas "tímidamente" en el último tiempo- como en el ámbito político y social.

"La realidad, cuando aparece, desnuda una red bien armada de mujeres que estuvieron allí, en el horror de la guerra", escribe Panero, y destaca que su accionar estuvo más ligado "a la atención y contención de soldados conscriptos y no son ellos los que han escrito la historia".

"La mística del piloto cazador, rompiendo implacable la barrera del sonido y alcanzando al enemigo, es la epopeya más atrayente de la guerra, la más difundida, atrapa como una película. Una gesta enorme, pero no debe ser la única rescatada, porque detrás de cada uno de ellos, hubo una mujer que lo sostenía. Hablar de veteranos de guerra, debe incluir a aquellas que lo fueron, estuvieran o no dentro del teatro de operaciones. Porque la guerra, con sus amenazas, y sus heridos, se trasladó más allá de las Islas y el mar", sintetiza la autora.

El reconocimiento tardío

El reconocimiento simbólico y legal del personal femenino que participó de una u otra forma en la guerra tomó su tiempo, y a la fecha todavía hay mujeres que esperan ser reconocidas como veteranas. Tal como relata Panero, el conflicto se desató más allá de las Islas; personal civil y militar participó, cada uno a su manera y en distintas esferas, para dar respuesta al escenario bélico.

La legislación argentina considera Veterano de Malvinas a todo personal de Fuerzas Armadas y de Seguridad o civiles prestando servicio que haya participado en las jurisdicciones del TOM (Teatro de Operación Malvinas) y el TOAS (Teatro de Operaciones del Atlántico Sur). Quienes fueron trasladados de sus destinos hacia el sur por debajo del Paralelo 42 se los reconoce movilizados, y su reconocimiento como veteranos todavía está en deuda.

Panero explica en su libro que las enfermeras instrumentadoras quirúrgicas del Almirante Irízar son reconocidas como veteranas, ya que ingresaron al TOAS. Las enfermeras de la Fuerza Aérea, en cambio, son consideradas movilizadas por ley aunque luego la institución militar las reconoció como veteranas.

Las enfermeras navales y aspirantes a enfermeras que participaron de los buques hospitales de Puerto Belgrano -que en promedio tenían 19 años, y algunas incluso 15 o 16- tampoco son consideradas veteranas.

Las enfermeras de la función pública provincial que se desempeñaron en el Hospital Regional de Comodoro, por su parte, tienen una mención especial y una placa en la institución que la recuerda.

"Cabe aclarar que el personal que solo permaneció en el territorio continental durante la guerra de 1982, que no estuvo ni en el TOM ni en el TOAS, para la legislación no es veterano, aunque haya sido movilizado y/o convocado al Sur del Paralelo 42. Los movilizados, continentales, siguen una lucha que no acaba, por ser considerados para una pensión de guerra", advierte Panero.

Las primeras en ser reconocidas como Veteranas de Guerra fueron las seis instrumentadoras quirúrgicas del Irízar en 1983.

En 1990, fueron condecoradas por la Fuerza Aérea las 14 enfermeras del Hospital Reubicable: Ana Masitto, Gladis Maluendes, Gisela Basler, Alicia Reynoso, Mónica Rodríguez, Mónica Rosa, Mirta Rodríguez, Sonia Escudero, Stella Botta, Elda Solohaga, Marta Arce, Esther Moreno, Colino María y Stella Morales. Sin embargo, no se les otorgó el título de Veteranas de Guerra.

El camino por el reconocimiento como veteranas fue más arduo: Alicia Reynoso fue la primera en transitarlo en 2011 pero luego otras mujeres se sumaron a su reclamo. El proceso legal fue largo; sin embargo, en el medio las mujeres lograron hacer más visibles los testimonios sobre su participación en la Guerra. El reconocimiento llegó treinta años después del conflicto, cuando fueron reconocidas tanto en el Congreso Nacional como en la institución militar, aunque no reciben pensión alguna.

En 2023, Alicia Reynoso se convirtió en la primera mujer en tener en su DNI la inscripción "Heroína de la Guerra de las Islas Malvinas".

En 2021, Stella Morales -una de las enfermeras- relató a este medio: "En una ocasión nos invitaron a un desfile acá en Palomar, en una de las Brigadas de Fuerza Aérea. Y allí, una de las hijas de Alicia escuchó que la gente decía que éramos truchas. Fuimos testigos de esa negligencia por parte de nuestros colegas, que estuvieron en el Hospital, que pasaron por ahí y trabajaron a la par, y se olvidaron. Ese olvido es violencia, ese silencio y destrato es violencia. Hasta el día de hoy muchos siguen diciendo que no somos veteranas. Pero nosotras tenemos mucha documentación, imágenes, fotografías de ese momento, tenemos el papel, tenemos los certificados, y consta en archivos que nosotras estuvimos. Eso nos duele muchísimo, aunque no bajamos los brazos. Hasta el día de hoy escuchamos ese tipo de cosas. Golpeamos muchas puertas y todo el mundo miró para otro lado".

Stella Morales: "Las mujeres de Malvinas fuimos silenciadas por las Fuerzas Armadas; eso es violencia"

Las mujeres que trabajaron en la Base Naval de Puerto Belgrano fueron reconocidas en 2014 por el Consejo Provincial de la Mujer de la Provincia de Buenos Aires y designadas como "Forjadoras de la Paz". Claudia Pato Lorenzini, Nancy Stancato, María Graciela Trinchin, María Alejandra

Rossini, Nancy Castro, Liliana Castro y Cristina Battistela eran estudiantes de enfermería que en promedio tenían entre 15 y 17 años en la época en que prestaron servicio.

"Al terminar la guerra, el Estado argentino que las había convocado no tenía preparado ningún recibimiento oficial. Además, retuvo a los sobrevivientes varios días en los cuarteles y hasta impidió el contacto inmediato con sus familiares. Pero con el tiempo el silencio se rompió y para muchas de las mujeres de Malvinas, poder narrar su historia es la manera de visibilizar su rol por aquellas horas donde se jugaban la vida y la muerte. Y así lograr el reconocimiento simbólico que por tantos años les fue negado", explicó la investigadora María Elena Otero, en una entrevista con Sophia.

Y aunque la excusa para la falta de reconocimiento solía ser el hecho de que esas mujeres no habían pisado Malvinas, el caso de Liliana Colino demostró lo contrario. La historia de Colino, que fue la única mujer que pisó territorio isleño haciendo evacuaciones aeromédicas a bordo de un Hércules C-130, también fue silenciada durante décadas. Si bien resalta que sí fue reconocida oficialmente, su trayectoria no fue visibilizada a la par de los veteranos varones.

"Reconocimiento tuve siempre, lo que no hubo es visualización. Luego empezó esta suspicacia de que había algunos que decían que eran continentales, otros que eran veteranos y empezaron los problemas", remarcó en diálogos con medios, aunque advirtió: "Yo siempre digo que cada uno fue importante en su función pero no te podés comparar con el que estuvo bajo fuego. Con el que pasó hambre, frío y estuvo en riesgo de muerte".

"La ciudad de Comodoro Rivadavia asiste a cada Guardia de las Estrellas, todas las vigilias del 1 de abril, a esperar la hora de los héroes. Nunca oí mencionar a una sola mujer, en los momentos en que se evocaba a los veteranos. Han permanecido ocultas, en Argentina, hasta por sus propias familias, ya que, todo lo que tenía que ver con la dictadura era vergonzante, y la guerra fue la obra culmine de un gobierno militar moribundo", escribe Panero sobre el final del libro.

Consultada por estos olvidos, Stella Morales relataba a este medio que "cada abril de cada año, se siente más. Se siente como esa tristeza infinita que está ahí aunque hayas seguido adelante, rearmando tu vida. La contención de nuestros hijos, de la familia y las amistades ayuda, por eso seguimos estando de pie, nos ayuda a seguir levantando la voz y no callar más. Que la sociedad siga conociendo esta parte de la historia que intentaron sepultar. No se puede callar más, hay que decirlo todo".

Aún con sus luchas por el reconocimiento a cuesta, las enfermeras son quizás la cara más visible de los testimonios recientes de la guerra, aunque la participación femenina en el conflicto bélico se extiende también a las civiles que colaboraron con las instituciones, las madres, hermanas, viudas de los caídos y las isleñas, todas voces que abonan a reconstruir una memoria que hasta hace muy poco solo parecía dominio masculino.